CUIDADO CON LOS PRESTAMOS RAPIDOS: NADIE DA EUROS A 90 CENTIMOS.

CUIDADO CON LOS PRESTAMOS RAPIDOS: NADIE DA EUROS A 90 CENTIMOS.

Volvemos de las vacaciones llenos de recuerdos felices pero con los bolsillos vacíos para afrontar la cuesta de septiembre con los gastos escolares, la ropa de trabajo… una lista de gastos que parece no tener fin, al contrario que los ingresos.

Sabedores de la incertidumbre que supone para muchas personas esta situación, al terminar el verano se incrementa en los medios de comunicación y las redes sociales la publicidad de entidades especializadas en la concesión de créditos cuya mayor ventaja es la rapidez en conseguirlos. Lo divertido de los anuncios en su gran mayoría y el mensaje inmediato de facilidad en obtener el dinero que se necesita oculta la cara B de este tipo de financiación, que puede encadenarnos casi de por vida a su pago o hacernos imposible hacerle frente.

Normalmente las personas que acuden a estas entidades lo hacen por haber quedado excluidos con anterioridad del canal habitual de los préstamos y créditos bancarios, bien porque se encuentren inscritos en registros de morosidad, bien porque sin estar inscritos, los Bancos consideren que han superado su riesgo de solvencia. Frente a los numerosos requisitos y “papeleo” que exigen aquéllos, los créditos rápidos parecen  fáciles de conseguir e igual de pagar: se piden por teléfono y la mayoría no exigen nómina.

Lo cierto es que ninguna publicidad nos advierte en letra lo suficientemente clara y legible del interés que vamos a pagar y por lo tanto la cantidad final que nos va a resultar. ¿Un ejemplo? Uno de los créditos más ingeniosos en su publicidad se erige como solución a “postponer” un concierto o el cumpleaños del hijo del protagonista. Bajo el gancho de no pagar ningún tipo de interés por el primer crédito de una cantidad determinada, se nos oculta que si se solicita mayor importe, o se trata de la segunda ocasión en que pedimos financiación, el interés variará hasta porcentajes que por nuestra legislación y tribunales se consideran abusivos: así sucede que si solicitamos 900 € a pagar en 30 días, tendremos que devolver 1.139 € entre intereses y gastos derivados de su concesión, lo que supone una TAE DE 1911,2% y unos intereses que ascienden al 340,39%.

Y siguiendo con el mismo ejemplo: ¿qué sucede si no pagamos? Pues según su página web, que cada día que pase nos cargarán un interés de demora del 1%, con un máximo del 200% (recordemos que nuestros Tribunales han declarado como abusivos los intereses de demora que superan el 29%).

Es decir, si nos retrasamos un mes y medio en la devolución del préstamo, no sólo tendremos que pagar los 1.139 € sino también un 45% más por la mora (512,55 €); en total, 1.651,55 € por los 900 € que solicitamos. Pero aún existen otros tipos de financiación más perversos por su complejidad y dificultad para entender su funcionamiento: son los créditos revolving, que normalmente se ofrecen a través de determinadas tarjetas y los que se comercializan a cambio de nuestro automóvil como aval.

Los créditos revolving ofrecen como gancho el pago de una cuota fija en plazos normalmente mensuales y de escasa cuantía. Lo que ocultan es que esas cuotas se calculan entre un 2% y un 6% mensual, por lo que el interés anual asciende a un 24% como mínimo. Además, los intereses pendientes se “capitalizan” lo que significan que se añaden al cálculo de los que hay que pagar en la siguiente cuota. ¿Resultado? El crédito no sólo tiene un interés elevadísimo sino que además se hace interminable en su finalización del pago, ya que las cuotas se retroalimentan de los intereses pendientes.

Por último, los créditos a cambio de nuestro coche, se anuncian como la forma más fácil de obtener dinero puesto que nos conceden la financiación con nuestro vehículo como garantía, al tiempo que podemos seguir conduciéndolo. La verdad es que no se trata de ningún préstamo o crédito, sino de una compraventa simultaneada con un alquiler con opción a compra de nuestro propio vehículo: se firman dos contratos por el que vendemos el coche (siendo el precio el que creemos que es el importe del crédito) y al tiempo lo alquilamos con opción a volver a comprarlo, aunque el cliente piensa que en realidad está pagando las cuotas del préstamo. Así, si dejamos de pagar el alquiler, que nosotros pensamos que son las cuotas, la empresa que se ha hecho propietaria de nuestro coche lo venderá a un tercero sin que podamos oponer objeción alguna. Por otro lado, si calculamos el importe del alquiler por los meses que nos fijan y la cantidad final para recomprar el vehículo, podemos encontrarnos con la sorpresa de que el dinero que nos entregaron nos ha costado el equivalente a un interés de más del 100%… y sin ninguna de las garantías que la legislación prevé a los deudores para defenderse de los préstamos y créditos abusivos y usurarios puesto que el dinero lo hemos conseguido por otra operación distinta.

 

En definitiva, hay que evitar en lo posible estos “chollos”. Tenemos que tener en cuenta además que según nuestra legislación, si por desgracia nos vemos en un procedimiento judicial de reclamación de estos créditos, las empresas prestamistas pueden solicitar el embargo de cuantos vienen consideren hasta su total ejecución, lo que en algunos casos puede comprometer el más preciado, nuestra vivienda. Ante esta situación lo único que cabe es defenderse en el Juzgado con profesionales especializados como A.Velázquez Abogados, que conseguirán reducir la deuda a la cuantía solicitada en su día.

Si a pesar de todo ello nuestra situación económica nos obliga a acudir a este tipo de soluciones “rápidas”, tendremos que ser especialmente cuidadosos en atender a estos puntos, que son fundamentales: La cantidad final a pagar (no la cuota mensual), el tipo de interés nominal, el interés de demora y el plazo de devolución. Sólo así podremos saber con antelación si seremos capaces de afrontar su pago y sus consecuencias.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *